¿Revolución en el horizonte olímpico? La FIFA evaluaría limitar el fútbol femenino a la categoría Sub-23 desde Brisbane 2032

El ente rector buscaría dialogar con el COI para aliviar la sobrecarga de partidos en las jugadoras y unificar el formato con la competencia masculina.

Por Tomás Rouge (@tomas.rouge_ok) / Foto de portada: FIFA.

El panorama internacional del fútbol femenino se encontraría a las puertas de una transformación estructural de grandes proporciones. Según reveló de manera exclusiva el prestigioso medio británico The Guardian, la FIFA está impulsando conversaciones con el Comité Olímpico Internacional (COI) con el objetivo de reformar el formato del Torneo Olímpico de Fútbol Femenino, proponiendo que la cita ecuménica pase a disputarse bajo la modalidad Sub-23 a partir de la edición de Brisbane 2032.

El trasfondo principal de esta iniciativa radica en la creciente preocupación por la saturación del calendario internacional y la desmedida carga física que afrontan las futbolistas profesionales tras el vertiginoso proceso de profesionalización que experimentó la disciplina en la última década.

Los Ángeles 2028: ¿La última gran cita de las estrellas absolutas?

Debido a que el criterio de elegibilidad y las fases clasificatorias para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 ya se encuentran formalmente aprobados e iniciados en diversas confederaciones, cualquier modificación reglamentaria recién podrá implementarse para el evento del año 2032.

Esto significa que la cita de Los Ángeles 2028 marcará el capítulo final del formato histórico sin restricciones de edad, donde los combinados nacionales participarán con sus máximas figuras en busca de la medalla dorada. Cabe destacar que la edición californiana ya cuenta con un hito confirmado: por primera vez en la historia, el torneo femenino superará en dimensión al masculino, al contar con un cuadro ampliado de 16 selecciones frente a los 12 cupos asignados a los varones.

Simetría con el formato masculino y la polémica por el calendario

De concretarse la propuesta en estudio, el fútbol femenino alinearía su estructura olímpica con la de la rama masculina, la cual compite bajo la restricción Sub-23 desde la edición de Barcelona 1992 (incorporando a partir de Atlanta 1996 la autorización para inscribir a tres futbolistas mayores sin límite de edad en cada nómina).

A diferencia del cuadro masculino —cuya restricción histórica se implementó para resguardar la primacía de la Copa del Mundo absoluta—, la disciplina femenina debutó en el programa olímpico en Atlanta 1996 de manera abierta, convirtiéndose rápidamente en uno de los trofeos más codiciados y de mayor prestigio en el balompié global. Una muestra del peso del certamen se dio en París dos años atrás, cuando el representativo de Estados Unidos, bajo la conducción de Emma Hayes, se alzó con su quinta medalla de oro histórica sobre ocho ediciones disputadas.

No obstante, la saturación del calendario 2028 refleja una paradoja en la que la propia FIFA tiene responsabilidad directa. La creación del primer Mundial de Clubes Femenino de la historia —que se disputará en Estados Unidos entre el 5 y el 30 de enero con 16 equipos— generará una enorme sobrecarga competitiva apenas seis meses antes de los Juegos Olímpicos. Esta nueva competición causará una fuerte disrupción en las ligas europeas, donde clubes de la talla de Arsenal, Chelsea o Manchester City podrían perderse hasta un mes de actividad oficial en la Women’s Super League y la FA Cup.

Consultas en marcha y posible resistencia del COI

Aunque por el momento no se ha formalizado una propuesta definitiva y tanto la FIFA como el COI declinaron emitir comentarios oficiales, fuentes de ambas entidades confirmaron su predisposición al diálogo. El ente rector del fútbol mundial buscará incluir en el debate a los actores clave de la industria, abarcando a los sindicatos de jugadoras y a las federaciones nacionales que habitualmente acceden a las fases finales.

Un cambio de esta magnitud requerirá de un minucioso proceso de análisis, ya que la medida promete generar debate en el ecosistema futbolístico. Por un lado, las principales futbolistas internacionales podrían oponerse al considerar que se devalúa un torneo icónico; por otro lado, el COI podría ofrecer resistencia debido al masivo atractivo comercial y de audiencia que representa el torneo femenino absoluto en mercados estratégicos como Estados Unidos, Europa y Australia.

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