La joven mediocampista repasa su historia de superación: desde los prejuicios familiares en sus inicios y la dura lesión de ligamentos cruzados, hasta su gran presente en Platense y el histórico paso internacional con la camiseta del Calamar.
Por Tomás Rouge (@tomas.rouge_ok) / Foto de portada: Garage Sports.
Lola Scrimieri representa a esa nueva generación de jugadoras argentinas que, a base de talento y muchísima resiliencia, se abren paso en un fútbol femenino en constante crecimiento. Con un fuerte sentido de pertenencia forjado en las canchas de futsal de Atlanta y una adaptación brillante al fútbol 11 en Platense —club que acaba de lograr el ascenso a Primera División—, Lola superó obstáculos que van desde la negativa familiar en su niñez hasta una severa rotura de ligamentos cruzados. Hoy, de vuelta en las canchas y en su mejor forma, dialogó con Fémina Football sobre su carrera, la realidad del deporte y sus sueños mundialistas.
—Fémina Fútbol: Arrancaste en el futsal con Atlanta y hoy estás en Platense, un club histórico que acaba de ascender a Primera y apuesta mucho a las juveniles. ¿Qué significa para vos vestir esta camiseta?
—Lola Scrimieri: Platense siempre fue uno de los primeros clubes en apostar por el fútbol femenino, así que siempre fue visto muy bien desde afuera. Siento que jugar acá te abre las puertas a distintos lugares, más que nada por el semillero que tiene y todas las inferiores. Siempre hubo buen nivel y la mayoría de las jugadoras de Platense despegaron muy alto. Ojalá que sea así en mi caso también, es un orgullo enorme estar acá.
—FF: Teniendo en cuenta tus inicios, ¿cómo fue la adaptación del futsal al fútbol 11 y qué te aportó cada disciplina?
—LS: Yo arranqué jugando futsal y es un deporte completamente distinto. En cancha de 11, controlar el aire y el físico es mucho más complicado; a mí se me hizo difícil en ese aspecto al principio. Pero el futsal te suma muchísimo desde la técnica. Se nota mucho cuando una jugadora viene de ahí: la habilidad, el jugar a un toque, ir al espacio mucho más rápido, te da otra visión de la cancha. Ese lado me favoreció un montón, aunque el cambio de dimensiones es inmenso y llevó su adaptación.
—FF: Con Platense te tocó jugar torneos internacionales juveniles como la Fiesta Evolución de CONMEBOL en 2023, enfrentando a equipos como Sao Paulo, Nacional o Potosí. ¿Qué te marcó de esa experiencia a tan temprana edad?
—LS: Fue una experiencia increíble que me acuerdo hasta el día de hoy. Jugamos contra equipos como Sao Paulo, donde las chicas tienen un nivel en el que directamente no ves la pelota. Generar ese roce es muy lindo. Fue un viaje de futbolista profesional, con todos los aspectos deportivos cubiertos. Logramos clasificar a las semifinales, algo histórico porque Platense nunca había podido pasar de la fase de grupos. Competir de tan chica contra jugadoras de tanto nivel te suma muchísima experiencia.

—FF: Tanto en Platense como en Atlanta viviste un gran sentido de pertenencia. De hecho, con el «Bohemio» lograste un ascenso jugando con referentes de mucha trayectoria. ¿Cómo recordás esa etapa?
—LS: Atlanta fue mi principio, donde arranqué y aprendí a jugar, por lo que le tengo un sentido de pertenencia gigante. No fue solo un ascenso, fue coronar todo mi recorrido desde la quinta categoría hasta llegar a Primera y lograrlo junto a mi grupo de amigas. Fue tanta la emoción que hoy lo llevo tatuado con todo el grupo. Jugar con futbolistas de tanta categoría y trayectoria fue algo que no te olvidás jamás. Ambos clubes son lugares donde realmente le dan espacio a las chicas y no te hacen sentir «el fondo del pozo», como pasa en otros lados.
—FF: Yendo a tus inicios más profundos, ¿cómo fue tu historia con la pelota? Porque tuviste que derribar prejuicios incluso dentro de tu propia casa…
—LS: De chiquita siempre me encantó el fútbol, pero lamentablemente mi papá no me dejaba jugar por el discurso de que «es poco femenino», cosas que todavía se siguen escuchando. Traté con un montón de deportes (tenis, básquet) para ver si encontraba esa misma pasión, pero no. Yo quería jugar al fútbol, lo tenía muy claro. Arranqué jugando en la plaza, solo con chicos, por pura diversión. Hasta que una amiga me invitó a probarme en Atlanta en 2019. Me agarró plena pandemia, entrenando por Zoom, pero desde ahí no paré. Por suerte, con el apoyo de mi mamá pude darle la vuelta, dejar que no me importe lo que me digan y salir a jugar igual.
—FF: En medio de este crecimiento tuviste un parate durísimo por una lesión. Incluso tu último gran partido, que recordás mucho, fue justo antes de eso. ¿Cómo viviste ese proceso?
—LS: Exacto. Mi mejor partido fue en 2024, cuando le ganamos a Boca en su cancha. Fue un partidazo, me sentí jugando muy bien y le ganamos a un rival enorme de visitantes, algo que no te olvidás. Pero poco después, jugando para Atlanta, me rompí los ligamentos cruzados de la pierna izquierda, que es mi pierna hábil. Fue un golpe durísimo. La pasé bastante mal porque el fútbol es mi vida, y de la nada pasás a no saber si vas a volver bien, tener que operarte… Pero saqué una fuerza de adentro y me dije: «Si esto es lo que quiero, se me tiene que dar». Tardé más de un año, me tomé mi tiempo para que la rodilla estuviera perfecta. Volví a fines del año pasado, así que este es mi primer año fuerte de regreso, aprovechándolo a full.
—FF: Como jugadora joven que vive el día a día, ¿cómo ves el crecimiento del fútbol femenino argentino y qué creés que todavía falta?
—LS: Crecieron mucho los clubes, hoy todos tienen femenino y esa fue una gran lucha ganada. Pero sigue habiendo una diferencia abismal con el masculino en infraestructura y en los sueldos. Muchas jugadoras de Primera no les alcanza con jugar y tienen que tener dos trabajos aparte. Hay que seguir peleando por eso, aunque valoro mucho todo lo que fue creciendo.
—FF: Para cerrar, ¿cuál es tu mayor sueño en el fútbol?
—LS: El fútbol es el 100% de mi vida, entreno todos los días enfocada solo en eso. Soñando en grande, mi mayor objetivo es jugar en la Selección Argentina y poder vivir de esto. Obviamente, jugar en el exterior es el sueño de todas y vamos por ese lado, sin dejar de insistir. Como te enseñan en Platense: rendirse no es una opción.


