La Albiceleste reaccionó en el momento límite, dio vuelta un partido increíble ante México y selló su clasificación a dicha instancia por segunda vez en su historia con una noche de carácter, coraje y convicción.
Por Tomás Rouge (@tomas.rouge_ok) / Foto de portada: AFA.
Argentina tenía todo en contra. México había dado vuelta el partido, el reloj avanzaba y la clasificación comenzaba a depender de una reacción que parecía cada vez más difícil. Sin embargo, la Albiceleste encontró respuestas cuando más las necesitaba, volvió a creer y terminó construyendo una remontada inolvidable: 3-2 para meterse en los octavos de final del Mundial Sub-20.
La victoria tuvo distintas protagonistas, pero también llevó la firma de un cuerpo técnico que supo leer el encuentro, modificar lo necesario y sostener a sus futbolistas en un escenario de máxima tensión. Christian Meloni y Clarisa Huber fueron determinantes para que el equipo no perdiera el rumbo después de marcharse al descanso en desventaja.
El resultado, además, confirmó la madurez de un proceso que lleva varios años de trabajo con las categorías juveniles. Meloni y Huber trabajan juntos desde 2021 y la clasificación a octavos de final en dos Mundiales consecutivos, Colombia 2024 y Polonia 2026, aparece como una muestra del crecimiento de una generación llamada a alimentar en el futuro a la Selección Mayor.
Camila Ochoa abrió el camino
Argentina encontró su primera ventaja a partir de una acción que resumió buena parte de la idea ofensiva del equipo. A los 29 minutos, Camila Ochoa tomó protagonismo por la banda, superó a su marca y generó un desborde de enorme calidad para colocar un centro preciso.
El envío terminó encontrando la cabeza de Annika Paz, encargada de convertir la primera conquista de la Albiceleste. Más allá de la definición, la jugada expuso uno de los recursos que el cuerpo técnico buscó durante todo el encuentro: amplitud, agresividad por los costados y capacidad para atacar los espacios desde las bandas.
Argentina consiguió así lastimar a México mediante una acción colectiva que partió desde una ventaja individual y terminó dentro del área. Una fórmula que forma parte del sello futbolístico que Meloni y Huber pretenden trasladar a sus equipos.
México reaccionó y puso a prueba a la Albiceleste
La ventaja no alcanzó para controlar definitivamente el desarrollo. México consiguió recuperarse y llegó a dar vuelta el marcador, dejando a Argentina frente a un escenario incómodo. El 2-1 obligaba a la Selección a jugar el complemento con mayor precisión, pero sobre todo con la fortaleza mental necesaria para no caer en la desesperación.
Ese fue uno de los puntos en los que más se notó la influencia de la dupla técnica. El entretiempo sirvió para reordenar las líneas, ajustar aspectos del funcionamiento y devolverle tranquilidad al equipo. La respuesta emocional fue tan importante como cualquier modificación táctica: Argentina debía volver al campo convencida de que todavía tenía herramientas para cambiar la historia.
La reacción también estuvo acompañada por movimientos estratégicos. Los ingresos de Violeta Álvarez y Julieta Martínez ayudaron a recuperar presencia en el mediocampo y a darle mayor volumen al juego argentino. El equipo volvió a ganar metros, obligó a México a retroceder y recuperó protagonismo con la pelota.
Velasco Heim y una pelota parada que devolvió la vida
Cuando el partido todavía parecía inclinarse hacia las mexicanas, apareció Alma Velasco Heim. A los 78 minutos, la defensora se hizo cargo de un tiro libre que impactó contra la barrera.
Lejos de quedarse mirando la segunda jugada, la propia futbolista reaccionó con rapidez, recuperó el rebote y sacó un potente remate que terminó dentro del arco. Fue el 2-2 y el golpe que Argentina necesitaba para recuperar definitivamente la ilusión.
La conquista también reflejó una característica trabajada por el cuerpo técnico: estar preparadas para la segunda pelota y atacar los rebotes con decisión. La acción nació de una pelota detenida, pero su resolución tuvo mucho de concentración y lectura de la jugada.
A partir de allí, Argentina volvió a sentirse protagonista. El empate no solo modificó el marcador. También cambió la energía del encuentro.

Dolo Delgado y un cierre que quedará en la memoria
Cuando todo indicaba que el empate podía ser suficiente para avanzar, la Selección todavía tenía una última carta.
A los 91 minutos, Dolo Delgado, ingresada desde el banco, fue a presionar sobre la salida de la arquera mexicana. No hubo especulación. La delantera atacó la jugada con convicción, provocó el error y recuperó la pelota en una zona ideal.
Con el arco vacío, definió para marcar el 3-2 definitivo y desatar la celebración de todo el equipo.
La acción fue, al mismo tiempo, un reflejo del impacto de una modificación y de una idea que el cuerpo técnico sostuvo hasta el final: la presión sobre la salida rival. El ingreso de Delgado terminó siendo decisivo y convirtió una decisión táctica en la jugada que definió la clasificación.
La Albiceleste había pasado de estar por debajo en el marcador a ponerse nuevamente al frente en apenas unos minutos. Y ya no quedaba margen para relajarse.
Saber sufrir también forma parte del fútbol
Después del 3-2, México se lanzó con todo en busca de una última respuesta. Para Argentina comenzó otro partido.
El equipo debió bajar líneas, agruparse y defender con máxima concentración. Velasco Heim y Julia Vinhas asumieron una responsabilidad central en la zaga y fueron protagonistas de un cierre en el que rechazaron numerosos centros y resistieron los intentos mexicanos.
La capacidad para adaptarse fue otro de los puntos destacados del encuentro. La Argentina ofensiva dio paso, inmediatamente después del gol, a una estructura mucho más prudente, preparada para defender la ventaja y evitar errores cerca de su propia área. La consigna fue clara: resistir sin perder el orden.
Esa capacidad para “saber sufrir” aparece como una de las características más valiosas del proceso. El equipo no necesitó ganar de una sola manera. Primero buscó amplitud y presión, después reaccionó desde la pelota parada y finalmente entendió que el desafío consistía en proteger el resultado.

La identidad de Meloni: futsal, intensidad y detalle
Parte de la identidad de esta Argentina puede explicarse a través de la trayectoria de Christian Meloni. Su experiencia en el futsal, tanto masculino como femenino en Boca Juniors, aparece trasladada a su manera de entender el fútbol de once.
El trabajo en espacios reducidos, las asociaciones rápidas y la necesidad de ofrecer siempre una línea de pase forman parte de una metodología que busca que las jugadoras tengan recursos para salir de situaciones de presión. A eso se suma una exigencia física elevada y una presión alta coordinada, conceptos habituales de su escuela futbolística.
Meloni también se caracteriza por una fuerte rigurosidad en la preparación. El material lo describe como un entrenador “obsesivo” del trabajo táctico, con capacidad para modificar su propuesta de acuerdo con el rival y con las necesidades del partido. Esa flexibilidad se vio nuevamente ante México, cuando Argentina debió modificar piezas y después cambiar rápidamente su estructura para defender la ventaja.
Pero su función no se limita al resultado. En las categorías juveniles, el entrenador pone especial atención en el crecimiento de las futbolistas y en la gestión del error, buscando que las experiencias internacionales sirvan como aprendizaje para el futuro de la Selección Mayor.
Huber, experiencia y una mirada integral
Junto a Meloni aparece Clarisa Huber, una pieza fundamental dentro de la estructura del cuerpo técnico.
La exmediocampista de Boca Juniors y de la Selección Mayor, con participación en los Mundiales de 2003 y 2007, aporta una experiencia directa que le permite comprender el contexto emocional de las juveniles. Su pasado como futbolista le da una conexión generacional especialmente valiosa para acompañar a las jugadoras en momentos de presión.
A esa experiencia se suma su formación como Profesora de Educación Física y Licenciada en Kinesiología y Fisiatría. Esa preparación amplía su mirada dentro del cuerpo técnico y contribuye al seguimiento de las cargas, la recuperación y el cuidado físico de las futbolistas. Además, su trabajo al frente de la Sub-15 le permite mantener una visión integral sobre el desarrollo de las jugadoras en las distintas etapas formativas.
Huber también participa activamente en la lectura del juego y en las correcciones tácticas. Su experiencia como mediocampista se traduce en una mirada especialmente atenta sobre los retrocesos, los relevos y el posicionamiento colectivo, aspectos fundamentales para sostener el orden cuando los partidos se vuelven caóticos.
Una clasificación que habla de un proceso
El 3-2 ante México no fue solamente una victoria agónica. Fue una demostración de carácter, adaptación y convicción.
Camila Ochoa abrió el camino con un desborde decisivo. Annika Paz convirtió el primer golpe. México reaccionó y obligó a la Albiceleste a replantearse el partido. Alma Velasco Heim apareció para devolverle la vida al equipo con una pelota parada y, cuando todo parecía encaminado hacia una definición de máxima tensión, Dolo Delgado aprovechó la presión para marcar el gol que selló la clasificación.
Detrás de esas acciones estuvo un cuerpo técnico que logró sostener la calma, modificar lo necesario y transmitir una idea hasta el último instante.
Argentina volvió a meterse entre las mejores del mundo en una categoría que funciona como plataforma para el futuro. Dos Mundiales consecutivos alcanzando los octavos de final hablan de una generación que está creciendo y de un proceso que empieza a recoger los frutos de varios años de trabajo.
La clasificación llegó sufriendo, remontando y defendiendo hasta el último segundo. Justamente por eso vale tanto. Porque esta Selección también está aprendiendo a ganar esos partidos que exigen algo más que fútbol.

