Un acuerdo histórico costeará el tratamiento para preservar su fertilidad. Ninguna jugadora deberá elegir entre triunfar en este deporte o formar una familia.
Por Tomás Rouge (@tomas.rouge_ok) / Foto de portada: RFEF.
Durante décadas, las mujeres deportistas han transitado sus carreras lidiando con un conflicto ineludible: la colisión directa entre su apogeo físico y su reloj biológico. En un oficio donde el cuerpo es el instrumento primordial, postergar la formación de una familia ha sido casi un peaje obligatorio. Sin embargo, el panorama del balompié nacional está a las puertas de un cambio sin precedentes. La Real Federación Española de Fútbol (RFEF) se encuentra en la recta final para sellar una alianza histórica con una clínica especializada, asumiendo el coste de los tratamientos de vitrificación de ovocitos para las futbolistas de la selección absoluta. Los pormenores de esta iniciativa, pionera a nivel de selecciones y que promete marcar un horizonte para otras federaciones en los próximos años, verán la luz el próximo 21 de septiembre.
Un hito gestado en el vestuario
La génesis de esta conquista no surgió en los despachos, sino que fue impulsada por las propias protagonistas. El núcleo duro del vestuario, con sus capitanas a la cabeza, expuso esta carencia estructural ante la cúpula federativa. Fue Alexia Putellas, la primera jugadora del país en alzar el Balón de Oro (galardón que hoy comparte únicamente con Aitana Bonmatí), quien lideró las gestiones. La exigencia del calendario y el temor a tener que renunciar al máximo nivel —evitando así las drásticas encrucijadas que en su momento atravesaron futbolistas como María de Alharilla, Marta Corredera o Ahinize Barea ‘Peke’— cimentaron el diálogo.
En una reciente entrevista concedida al diario El País, la estrella azulgrana transparentó el impacto de la medida, señalando: “Para mí es un avance enorme porque la federación entiende que estás sirviendo a tu país en contra de tu tiempo biológico, que no puedes parar y no puedes ser madre porque necesitas tu cuerpo para trabajar”.
Este movimiento da continuidad a las políticas de conciliación introducidas por la RFEF de cara al Mundial de 2023 y complementa conquistas sindicales recientes. Mientras la Liga F Moeve ya recoge cláusulas maternales, la Asociación de Futbolistas Profesionales (AFE) acordó hace poco con el Hospital Ruber Internacional un paquete integral para sus afiliadas. Este pacto brinda acceso preferencial a la preservación de fertilidad, inseminación artificial, fecundación in vitro (FIV), el test prenatal no invasivo (TPNI) y la prueba genética preimplantacional (PGT), apostando por la innovación tecnológica.
Sobre la cruda realidad de los plazos femeninos, Marta Perarnau, presidenta de AFE, fue categórica: “muchas futbolistas retrasan la decisión de ser madres, y cuando la toman, quizás es tarde. Intentamos que no estén tan condicionadas por su carrera”.
La ciencia detrás del proceso y el factor calendario
Médicamente, la criopreservación es un procedimiento altamente programable, ideal para agendarse durante periodos de inactividad competitiva, lesiones o vacaciones. Su extensión es de aproximadamente dos semanas, iniciando con una evaluación clínica y derivando en una estimulación hormonal para generar múltiples óvulos. Posteriormente, se procede a la extracción en una intervención sencilla de 15 a 20 minutos bajo sedación leve, exigiendo un reposo postoperatorio de 24 a 72 horas.
Durante la hormonación, la comunidad médica aconseja suprimir los entrenamientos explosivos, el contacto físico brusco y los impactos de alta intensidad. Además, las atletas pueden experimentar fatiga, fluctuaciones anímicas y distensión abdominal. El consenso científico subraya la importancia de realizar este proceso antes de cruzar la barrera de los 30 años.
Sobre esto, Temeka Zore, endocrinóloga reproductiva y exatleta universitaria, argumentó: “La preservación de la fertilidad permite centrarse en la carrera profesional, los estudios o las metas personales sin preocuparse por el deterioro de la calidad de los óvulos con el paso del tiempo”. A lo que añadió: “Proporciona más control sobre las decisiones reproductivas y sobre el momento en que se quiere formar una familia, reduciendo la presión de tener que hacerlo dentro de una determinada ventana de edad”.
Esta postura es sustentada por un editorial del año 2025 publicado en el British Journal of Sports Medicine, firmado por las investigadoras Margie Davenport (Universidad de Alberta) y Sherilyn DeStefano (Oregon Health & Science University). Las doctoras afirmaron: “La congelación de óvulos ha surgido como una opción cada vez más popular para permitir que las deportistas desarrollen una carrera deportiva de éxito manteniendo al mismo tiempo abiertas sus opciones de maternidad para el futuro”. Su análisis enfatiza la brutal cronología biológica: “La fertilidad femenina alcanza sus niveles más altos en la veintena, comienza a disminuir a partir de los 30 años y experimenta una caída más pronunciada alrededor de los 35”.
Cifras del tratamiento y un laberinto normativo por resolver
El inminente anuncio federativo deberá esclarecer el alcance económico de la cobertura, así como el destino de los gametos si una jugadora deja de ser convocada o decide retirarse. A día de hoy, un ciclo de fertilidad integral escala hasta los 15.000 euros. Solo la fase inicial (hormonación y punción) fluctúa entre 3.000 y 5.000 euros. Mantener el material congelado cuesta alrededor de 400 euros anuales, mientras que la implantación final roza los 6.000 euros.
Pero el dinero no es la única traba. Existen vacíos legales severos, comenzando porque ni la UEFA ni la FIFA cuentan con protocolos estandarizados para estos casos. A nivel antidopaje, la situación es delicada: varios medicamentos de estimulación ovárica están vetados por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA). Para no ser sancionadas bajo la falsa premisa de dopaje deportivo, las futbolistas estarán obligadas a solicitar Exenciones de Uso Terapéutico (AUT) caso por caso y sincronizar el tratamiento con épocas de baja carga competitiva.
Un espejo en el plano internacional y otras disciplinas
Aunque la RFEF innova a nivel de selecciones, esta práctica ya tiene arraigo. Lo que gigantes tecnológicos de Silicon Valley comenzaron a ofrecer como beneficio corporativo en 2014, o sistemas sanitarios públicos como el Sergas gallego han empezado a integrar, ya palpita en el deporte.
A nivel de clubes de fútbol, el Chelsea FC cerró este verano un convenio con un centro londinense para brindar asesoramiento y tratamientos a sus futbolistas. En Estados Unidos, el Racing Louisville trazó el mismo camino con el Kentucky Fertility Institute. La exportera de dicha franquicia, Michelle Betos, relató así su experiencia: “Tenía poco más de treinta años y estaba en ese momento de mi vida en el que sabía que quería tener hijos, así que probablemente debía hacerlo más pronto que tarde”. El impacto en su tranquilidad mental fue absoluto: “Me dio una auténtica tabla de salvación porque no tuve que ausentarme un año del deporte ni retirarme antes de tiempo. Sabía que podía asegurar el futuro que quería para mí mientras seguía desarrollando mi carrera profesional”.
En otras disciplinas, las mujeres llevan ventaja. En el tenis (WTA), los programas brindan subvenciones, y desde 2025 rige la Regla de Especial Protección de la Fertilidad para amparar el ranking mundial de las deportistas en pausa. Sloane Stephens, quien vitrificó sus óvulos en 2022 con 29 años, explicó su motivación: “Quería congelar mis óvulos para poder centrarme en el presente sin miedo a qué puertas podría estar cerrando o dificultando para el día en que termine mi etapa como tenista”. La ganadora de Grand Slam sentenció: “Ser deportista de élite ya es difícil de por sí, porque muchas veces da la sensación de que tienes que decidir entre tu carrera y formar una familia”.
Por su parte, la liga de basquetbol estadounidense (WNBA) introdujo en su convenio de 2020 con el sindicato (WNBPA) un reintegro de hasta 60.000 dólares para adopciones, gestación subrogada, FIV y criopreservación. Un estandarte de este proceso fue Sue Bird, pareja de la exfutbolista Megan Rapinoe, quien se sometió a la extracción a los 39 años durante una convalecencia en 2019. “Congelar tus óvulos es la decisión lógica para cualquier mujer que tenga una carrera profesional. Lo importante es tener la opción”, apuntó la base. Confesó también las dilaciones previas: “Siempre lo iba posponiendo y nunca encontraba el momento de hacerlo. Llegó un punto en el que, aunque estaba al final de mi carrera, necesitaba empezar a pensar en planificar el futuro”.
La doctora Nichole Barker, de la clínica Seattle Reproductive Medicine que atendió a Bird, sintetizó la esencia de este avance que el balompié español está a punto de abrazar: “El objetivo de nuestro programa de congelación de óvulos es poner el poder de la planificación en manos de nuestras pacientes”. Con el anuncio del próximo día 21, las jugadoras españolas estarán, por fin, adueñándose de esa planificación.

